2022: una pregunta por responder

«Es imposible que este año sea más intenso que el que acaba de terminar», decíamos, varios entre nosotros, el primer lunes de enero del 2021. Solo dos días después, una turba liderada por un tipo provisto de un sombrero de búfalo mojado irrumpía en el Capitolio de Estados Unidos, azuzado por un expresidente que, producto de su incapacidad de reconocer una derrota, había elevado el uso político de las fake news a un –hasta entonces– desconocido nivel de efectividad. Durante los meses que siguieron, Chile no fue la excepción en cuanto a récords: si creíamos que lo vivido en el Plebiscito de Entrada, en plena pandemia, era imposible de igualar, fue solo porque aún no experimentábamos las sorpresas de la elección de convencionales constituyentes ni el miedo y la épica de la elección presidencial. Sin duda que el 2021 nos demostró que, en política y en la vida en general, nuestra capacidad de asombro no se agota, incluso cuando creemos que ha llegado a su límite.


Creo que esa es la principal enseñanza que debemos llevar con nosotros hacia este 2022 que recién inicia: reconciliarnos con la incertidumbre. Uno pensaría que ya lo hemos hecho, tras dos años que incluyen una revuelta social, un proceso constituyente único en nuestra historia, una pandemia, la instalación de una Convención distinta a cualquier órgano político que hayamos conocido en nuestra institucionalidad, la caída de las grandes alianzas políticas de la transición e, incluso, el avance de la derecha radical que cerca estuvo de alcanzar la presidencia. Pero la verdad es que no: nos sigue costando lidiar con lo incierto del futuro y muchas veces nos es más fácil caer en el miedo antes que arrimarnos a la esperanza. Ante la interrogante que siempre será el mañana, tendemos a refugiarnos en aquello que «siempre ha sido así» antes que arriesgarnos a crear un país distinto.


Incluso cuando aquello que «ha sido siempre» ya no nos permite vivir bien.


Incluso cuando aquello que «ha sido siempre» se ha derrumbado. Cuando, ni siquiera, existe.


Muchísimas preguntas están abiertas: ¿cómo actuará el nuevo gobierno?, ¿qué papel adoptará el nuevo Congreso?, ¿de qué forma nos relacionaremos, como ciudadanía, con ambos poderes del Estado?, ¿cuál será la propuesta de nueva Constitución que nos presentará la Convención a mediados de año? y ¿la aprobaremos o rechazaremos? Más importante aún es que, cuando hayamos respondido todas estas preguntas (en las urnas, en las calles, en las aulas y desde las distintas instituciones del Estado y organizaciones de la sociedad civil), lo cierto es que seguirán quedando infinitas dudas a las que responder. Porque «constituirnos» se trata justamente de eso: de establecer cómo queremos vivir juntos. Es esta una pregunta que no se cierra con una elección o un plebiscito, ni siquiera con un proceso constituyente. «Cómo queremos vivir juntos» es una pregunta que, en tanto ciudadanía, tendremos que hacernos a diario, pues solo así podremos construir una democracia más robusta y legítima, donde se garantice que todas y todos podamos ejercer nuestros derechos políticos fundamentales.


Entregar y promover una educación constituyente que sea cívica, ciudadana y democrática, que nos permita seguir respondiendo a esta pregunta, es nuestro compromiso. Y en este 2022 que comienza, la única certeza que como Fundación Momento Constituyente sí tenemos, es que seguiremos trabajando para ello.


Rodrigo Mayorga

Director general

Momento Constituyente



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