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2023: aquí vamos de nuevo

Corren los últimos días de 2022 y es imposible no solo mirar el año que se va, sino también otear el horizonte y lo que se nos viene. A lo lejos, observamos los próximos meses. Estos nos traerán una elección de representantes que escribirán una nueva constitución y hasta un plebiscito en que decidiremos si ratificarla o no. De seguro, no soy el único que chequea el calendario para asegurarme de que no me estoy equivocando y estoy ante el 2021 o el 2022. Como Phil Connors en El Día de la Marmota, pareciera que regresamos al comienzo de un camino conocido.


Pero a diferencia del personaje de Bill Murray en aquel clásico del cine noventero, nosotros no estamos de vuelta al inicio. Eso es bueno, porque significa una oportunidad para aprender. El proceso constituyente iniciado en 2019 y que concluyó el pasado septiembre con el arrollador triunfo del Rechazo, tuvo de dulce y de agraz, pero, sobre todo, nos dejó muchas lecciones. Dos de ellas me parecen particularmente relevantes, no solo ante al nuevo proceso constituyente que comienza, sino que para nuestra vida democrática en comunidad.


La primera, es cuánto necesitamos de la política. No me refiero al Congreso o a los partidos políticos: hablo de la actividad política en sí misma. Esa que supone tomar posiciones y defenderlas, pero que también implica negociar, ceder y ser capaces de buscar puntos de encuentro. Una política en la cual quepan todos quienes defiendan la democracia y los derechos humanos, incluso cuando, en otros temas, sus miradas y opiniones diverjan radicalmente de las propias. Porque si en algo se parecerá el 2023 al 2022 y al 2021 (y a varios años antes, además), es que empieza con proyectos populistas radicales, en Chile y el mundo, fortalecidos. Nuestras acciones como ciudadanía deben ir en función de legitimar y vigorizar la política democrática, pues mientras más se debilita nuestra confianza en ella, más espacios se abren para el avance de proyectos reaccionarios y autoritarios.


La segunda lección, es cuánto necesitamos de la educación —en su acepción más amplia— para enfrentar estos desafíos. Una educación que sea cívica, que nos permita conocer cómo funcionan las instituciones y de qué manera podemos (todos y no solo algunos) incidir en su actuar. Una educación que sea ciudadana, que nos invite a participar en nuestras comunidades, mientras nos entrega las habilidades y herramientas para hacerlo de manera efectiva y en pos del bien común. Y una educación que sea democrática, que nos permita dialogar, confrontar puntos de vista sin evitar el conflicto, al contrario, mirándolo de frente para poder procesarlo. Chile tiene una profunda deuda con una educación de estas características; sin ella, difícilmente lograremos nuestro principal objetivo, que no es escribir una constitución, sino constituirnos como comunidad política.


Más allá de tal o cual proceso constitucional, desde Fundación Momento Constituyente seguiremos contribuyendo a desarrollar una educación cívica, ciudadana y democrática, en las escuelas, en las organizaciones sociales, en los espacios públicos e incluso en el mundo virtual, sumando nuevas alianzas y proyectos a este esfuerzo.


Ad portas de un nuevo año, siempre habrá situaciones que se transforman y otras que se mantienen. Entre estas últimas se cuenta nuestra convicción: la educación es la mejor herramienta para robustecer nuestra democracia.

Rodrigo Mayorga

Director Ejecutivo

Fundación Momento Constituyente






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