Convención Constituyente: Una línea de tiempo de la jornada inaugural

(Por Bárbara Pérez)

A las 10 de la mañana del domingo 4 de julio se iba a dar comienzo, finalmente, a la esperada sesión inaugural de la Convención Constituyente. Un momento que Chile esperaba desde el 15 de noviembre de 2019, cuando se firmó el acuerdo que dio inicio al proceso de cambiar la Constitución. El día en que votamos “Apruebo” elegimos a quienes nos representarían y ahora al fin comenzaría el trabajo mismo.

Como Momento Constituyente tuvimos la oportunidad de estar presentes, esperando a la llegada de las y los constituyentes desde muy temprano en la mañana, observar los preparativos desde la zona de prensa y presenciar el inicio de la Convención.

“Espero que podamos trabajar y trabajar bien”, “Que lleguemos a acuerdos”, “Traer acá los intereses de las regiones”, fueron algunas de las cosas que nos comentaron los constituyentes a medida que iban llegando y era posible hacerles preguntas. El ánimo parecía ser común: había muchas expectativas.

El conflicto (y bendita sea Carmen Gloria Valladares)

La Convención ya iba con retraso al momento que se suponía que debía comenzar. Algunos constituyentes llegaron más tarde de lo esperado, sumado a la impuntualidad clásica de Chile para empezar las cosas en general, pero ya estaba todo en su lugar para comenzar. La prensa estaba en una carpa, viendo todo en una pantalla.

Afuera, se escuchan disturbios menores. Los comentarios en la carpa de prensa sugerían que era algo esperable, sobre todo cuando algunos constituyentes habían sido acompañados por grupos grandes de personas, en una especie de marcha. Aún así, nadie esperaba que, cuando la Convención estaba por iniciar (con una hora de retraso), algunos constituyentes comenzaran a quejarse audiblemente. Sonaba ya el himno nacional mezclado con cantos de protesta, cuando Elsa Labraña se acercó a la mesa donde se encontraba el personal del Tribunal Calificador de Elecciones, exigiendo que se detuviera la ceremonia. Carmen Gloria Valladares (Secretaria relatora a cargo de liderar el evento), mostrando mucha claridad, parsimonia y entereza, decidió suspender la sesión hasta que se aclarara la situación, acto que le significó un enorme reconocimiento de la ciudadanía.

Así, varios constituyentes salieron a la calle, donde se seguían escuchando los disturbios con fuerza. Y mientras las y los convencionales electos por Vamos por Chile cotilleaban y se expresaban molestas, Valladares mantenía la calma en todo momento, incluso cuando los ruidos de las sirenas se escuchaban como si estuvieran dentro del ex Congreso.

Luego de un tenso momento, se logró llegar a acuerdo en la manifestación y los constituyentes comenzaron a volver. Valladares, entonces, da lectura al acta que los proclama constituyentes. "¿Aceptan?", preguntó. “Sí”, afirmaron los constituyentes de forma colectiva y al unísono, asumiendo entonces su rol de forma oficial.

Las votaciones (y la carga simbólica en ellas)

Las elecciones de presidencia y vicepresidencia de la convención fueron largas. El mecanismo consistió en que cada constituyente tenía sobres con papeletas, en las que estaban sus propios nombres y un espacio en el que debían escribir el nombre de quién querían que presidiera la Convención. Todos eran candidatos. La presidencia se definiría con mayoría absoluta (78 votos), y lo mismo para la vicepresidencia y hasta que un candidato o candidata no lograra más que eso, se seguiría repitiendo la votación.

Para la presidencia, hubo dos rondas de votación, que dieron por ganadora a Elisa Loncon, académica y mapuche. Los aplausos fueron audibles por todo el lugar, así como también un par de sollozos con el sentido discurso de la nueva presidenta de la Convención.

Para la vicepresidencia, la situación fue más compleja. Tres rondas, tres candidatos y mucha tardanza. En un momento, incluso parecía que habría una cuarta votación, porque los bloques no daban sus brazos a torcer. Al final, después de tres votaciones, Jaime Bassa salió electo como vicepresidente. No dejó de llamar la atención su discurso, en el que hablaba en primera persona plural femenino, en un gesto simbólico en el que se visibiliza la presencia femenina a través del quiebre de la gramática convencional española que sólo habría aceptado el masculino.

La jornada fue emocionante, y aunque tuvo muchos inconvenientes técnicos (como la falta de luces y de claridades de cómo sería todo al día siguiente, que ya sabemos cómo salió), fue sin duda el inicio histórico de un nuevo Chile.


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