Emociones a dos años del Estallido Social

Por Trinidad Poblete y Javier Pascual


Cuando nos preguntemos, en varias décadas más, qué pasó el 18 de octubre de 2019, las respuestas —quizás— serán menos dispares de lo que son hoy. A tan solo dos años desde esa fecha emblemática y en medio de una crisis tan disruptiva como la actual pandemia, no ha sido tarea fácil asimilar lo ocurrido, mucho menos las emociones sentidas. Así que recapitulemos lo que fue ese viernes y así como nos preguntamos dónde estábamos para el 27-F o cuando murió Felipe Camiroaga, recordemos, en conjunto, cómo vivimos aquel día.


Era el segundo año del segundo gobierno de Sebastián Piñera. Los números no eran los esperados, la promesa de crecimiento económico no se había cumplido y la inflación (escandalosa para entonces) rondaba el 2%. Las respuestas del Gobierno, más por forma que por fondo, sumaban descontento y perplejidad. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, llamaba al optimismo y a los románticos a comprar flores, que habían registrado una baja en sus precios, mientras que el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, nos instaba a madrugar para tomar el metro más temprano, ante el alza de la tarifa. El Mercurio lo apoyaba con una infografía para demostrar que a estos madrugadores les alcanzaría, incluso, para comprar caviar. Todo esto se sumaba a un historial de —cada vez más frecuentes— indolentes declaraciones por parte de la élite. Un par de meses antes, el subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo, aseguraba que la gente iba temprano a los consultorios no para pelear por una hora de atención, sino que por el gusto de hacer vida social. Y antes, a inicios del periodo gubernamental, el ministro de Educación, Gerardo Varela, animaba a las escuelas a organizar bingos para solucionar temas básicos de infraestructura.


Pero no solo por las formas crecía la indignación. Frente a las constantes tensiones entre los estudiantes del Instituto Nacional y el alcalde Alessandri, el edil decidió invitar a las Fuerzas Especiales de Carabineros a efectuar labores de «inspectoría» dentro del establecimiento. Y entonces, cuando el Panel de Expertos del transporte público anunció un alza de $ 30 en la tarifa del metro, fueron los secundarios quienes recogieron el guante y comenzaron a realizar evasiones masivas, saltándose los torniquetes. Y mientras las élites reprochaban estas acciones y el Gobierno respondía a través del choque policial, los agradecidos se sumaban y les aplaudían. La escalada que siguió, la conocemos.


Es difícil explicar el Estallido Social desde la situación económica o política. Las emociones, que suelen ser acalladas por la tecnocracia y la razón, afloraban de forma inorgánica y confusa. Piñera declaraba en medios internacionales que vivíamos en un oasis dentro de América Latina, sin embargo, la rabia tomaba su sitio ante la imagen de estudiantes custodiados por lumas, cascos y chalecos antibalas en el patio de su liceo.


¿Dónde estábamos aquel 18 de octubre?, volvemos a preguntarnos. Quizás, tratando de volver a nuestras casas, preguntándonos qué iba a pasar, con miedo por las erradas respuestas de un Poder Ejecutivo carente de tacto y fanático del orden público, un Poder Judicial que parecía actuar más sobre el pueblo que sobre cualquier persona o sector privilegiado y un Poder Legislativo desprestigiado y entrampado en discusiones pequeñas. Es probable que el miedo estuviese acompañado de una arrastrada tristeza, desesperanza, decepción o, en el mejor de los casos, de apatía. Quizás en los días siguientes hubo confusión, pero también se empezó a sentir algo más. El grito que se tomó las calles fue «Chile despertó» porque no solo se activaba nuestro raciocinio ante las injusticias, sino, sobre todo, despertaban nuestros dormidos sentimientos sobre lo que significaba vivir en este país, junto a todo lo que podría implicar en el futuro.


Aquel día comenzó a gestarse un verdadero cambio social, esta vez con pies y con manos. Dejó de ser un iluso ideal académico porque a la lucha intelectual se añadieron nuestras emociones y, con ellas, comenzamos a devolverle humanidad a la política. Hoy, a dos años de ese 18 de octubre, con un Reglamento democráticamente establecido por la Convención Constitucional, comienza a redactarse una propuesta de nueva Constitución Política de la República de Chile. Es poético, sí. También es terapéutico, porque nos ayuda a hacernos cargo de las emociones propias del ya concluido proceso destituyente, y dejar espacio a las emociones que queremos sentir en este nuevo momento constituyente: alegría, interés, convicción y, sobre todo, esperanza.


Nos queda un largo camino. El proceso de discusión y votaciones tendrá miles de dificultades, las que debemos afrontar con la misma humanidad y el mismo sentido de comunidad que nos ha acompañado en los últimos años. Somos parte de un proceso histórico que nos trasciende como generación y elegimos sentir esperanza en nuestra Convención Constitucional, que hoy actúa convocada por los pueblos de Chile para ejercer su poder constituyente originario. También debemos reconocer que estamos frente a una discusión que nos genera un legítimo temor, pero que puede regalarnos una enorme satisfacción. Desnudar lo que realmente somos como país, para ver más allá de lo que conocemos, será la única forma de construir con equidad y justicia.


Creemos en este momento constituyente y en el poder ciudadano. Reafirmamos nuestro compromiso de defensa del proceso de cambio constitucional como un camino legítimo y democrático, y agradecemos a quienes llenaron las calles exigiéndolo. Por último, tomamos prestadas las palabras que dijera la presidenta de nuestra Convención, Elisa Loncon Antileo, en su discurso inaugural, para recordar lo importante:


«Finalmente, un saludo a los niños y niñas que nos están escuchando, que nos están viendo. Hoy se funda un nuevo Chile plural, plurilingüe, con todas las culturas, con todos los pueblos, con las mujeres y con los territorios. Ese es nuestro sueño para escribir una nueva Constitución».


Porque es un sueño que nace desde lo más hondo de nuestros corazones, sigamos haciendo historia.






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